El conflicto en torno al I Convenio Estatal de Grandes Cadenas Comerciales del sector del comercio textil y calzado, refleja mucho más que una negociación laboral: es un choque entre dos modelos sindicales, dos formas de entender la representación de las personas trabajadoras y, en última instancia, dos relatos sobre qué significa mejorar las condiciones en el sector del comercio textil y del calzado.
Por un lado, el preacuerdo alcanzado tras la reunión del 23 de marzo aparece como el resultado de un proceso largo y sostenido de presión negociadora, especialmente por parte de CCOO, que habría logrado arrancar al patronal avances concretos en materias clave:
- jornada
- salarios
- descansos
- trabajo en domingos y festivos
- y contratación.
Estos avances no son menores ni simbólicos; configuran, en conjunto, una transformación estructural del sector.
La reducción progresiva de la jornada anual hasta las 1.740 horas en 2028 supone una de las mayores conquistas en negociación colectiva reciente. No solo implica trabajar menos, sino que tiene un efecto directo en la mejora salarial de las personas con contratos a tiempo parcial —que son mayoría en el sector— al aumentar el valor real de sus horas trabajadas. A esto se suma la implantación generalizada de dos días de descanso semanal (rompiendo con la histórica limitación del día y medio) y la garantía creciente de fines de semana completos libres, lo que introduce una mejora sustancial en la calidad de vida.
En materia salarial, el preacuerdo establece tablas por encima de casi la totalidad de los convenios provinciales, lo que contribuye a reducir desigualdades territoriales históricas. Aunque quedan aspectos por concretar —como los incrementos futuros ligados al IPC o el tratamiento de complementos personales— la dirección es claramente al alza. Además, el pago específico y creciente por trabajar en domingos y festivos, unido a su carácter voluntario, supone un cambio relevante frente a modelos más precarios y obligatorios existentes en algunas empresas.
El bloque de contratación refuerza la estabilidad: se fija un mínimo de 24 horas en contratos parciales, se limitan los contratos temporales y se establecen garantías importantes para los fijos discontinuos (como el mínimo de 180 días trabajados al año). También se introduce el compromiso de consolidar horas complementarias, una medida clave para combatir la parcialidad involuntaria, uno de los grandes problemas estructurales del sector.
Todo ello se articula bajo un principio fundamental: el convenio estatal actuaría como suelo de derechos, no como techo. Es decir, se garantizan las condiciones superiores ya existentes en empresas o territorios, desmontando el argumento de UGT del “se perderá todo”. Este punto es central, ya que asegura que el avance sea general sin perjudicar a quienes ya están en mejores condiciones.
La oposición de UGT al preacuerdo no responde a un desacuerdo técnico legítimo, sino a una estrategia basada en la desinformación, la incoherencia y la movilización selectiva. El ejemplo de empresas como JD Sprinter resulta especialmente significativo: condiciones objetivamente peores que las del preacuerdo han sido firmadas por UGT, mientras que ahora se cuestiona un marco más favorable para el conjunto del sector.
Esta contradicción alimenta la tesis de que la confrontación promovida no busca mejorar el acuerdo, sino erosionarlo, generando incertidumbre entre las plantillas. La movilización en empresas con mejores condiciones o acuerdos vigentes, en lugar de centrarse en los entornos más precarios, refuerza la idea de una estrategia más política que laboral.
En definitiva, el preacuerdo del I Convenio Estatal de Grandes Cadenas Comerciales del sector del comercio textil y calzado se presenta como una oportunidad histórica: no solo por las mejoras concretas que introduce, sino porque establece un marco estatal que homogeniza derechos al alza, reduce desigualdades y aporta seguridad jurídica en un sector fragmentado. Supone avanzar hacia un modelo laboral más digno, con más tiempo de vida, mayor estabilidad y mejores salarios.
Frente a ello, el riesgo señalado es claro: que la desinformación y los intereses cruzados frenen un proceso que podría marcar un antes y un después en la negociación colectiva del sector. La reivindicación final es contundente: defender este acuerdo no es solo apoyar un texto concreto, sino apostar por un cambio real en las condiciones de vida de cientos de miles de personas trabajadoras.
El proceso de negociación del preacuerdo del I Convenio Estatal de Grandes Cadenas Comerciales del sector del comercio textil y calzado no es solo una negociación colectiva más: es el retrato de una confrontación abierta entre quienes han trabajado durante años para arrancar mejoras reales y quienes, tras ausentarse de ese trabajo, irrumpen ahora para dinamitarlo. En este escenario, el preacuerdo alcanzado el 23 de marzo representa un avance histórico, mientras que la actuación de UGT aparece como un ejercicio de irresponsabilidad sindical difícil de justificar.
Durante tres años, la negociación ha estado marcada por el trabajo constante de CCOO frente a una patronal reticente. Ese esfuerzo ha cristalizado, por fin, en un preacuerdo sólido que toca los pilares fundamentales del sector. No estamos ante retoques menores, sino ante una transformación estructural que beneficia de forma directa a la mayoría de las más de 200.000 personas trabajadoras afectadas.
Y, sin embargo, frente a este avance, UGT ha optado por situarse en el lado contrario. No desde la crítica constructiva ni desde la propuesta alternativa, sino desde la desinformación, la demagogia y la agitación interesada. Resulta especialmente grave que se intente convencer a las plantillas de que un acuerdo que mejora salarios y reduce jornada es perjudicial. No es solo una contradicción: es un insulto a la inteligencia de las personas trabajadoras.
La estrategia seguida por UGT revela un patrón preocupante: ausencia durante la negociación, nula aportación efectiva, fracaso en sus intentos judiciales y, finalmente, irrupción mediante campañas de ruido destinadas a generar miedo y confusión. Se agitan fantasmas como la pérdida de derechos cuando el propio texto del preacuerdo garantiza explícitamente el mantenimiento íntegro de las condiciones superiores existentes. Es decir, se construye un relato falso para justificar una oposición que no se sostiene en los hechos.
El resultado de todo esto es claro: UGT no está contribuyendo a mejorar el acuerdo, sino a poner en riesgo una conquista colectiva de enorme alcance. Su actuación no fortalece a las plantillas, las divide; no aclara, confunde; no construye, bloquea.
Frente a ello, el preacuerdo de I Convenio Estatal de Grandes Cadenas Comerciales del sector del comercio textil y calzado se consolida como una oportunidad histórica. No solo porque mejora de manera tangible las condiciones laborales, sino porque establece un marco estatal que eleva el suelo de derechos, reduce desigualdades territoriales y aporta estabilidad en un contexto de incertidumbre económica y política.
La conclusión es inevitable: o se está con un acuerdo que hace avanzar al conjunto del sector, o se está contribuyendo a frenarlo mediante el ruido, la desinformación y la incoherencia. Y en este caso, la posición adoptada por UGT la sitúa claramente en el segundo escenario.
Por último dejar claro de que se trata de un PREACUERDO, una carta de intenciones básica sobre la que desarrollar, probablemente, el I Convenio Estatal de Grandes Cadenas Comerciales del sector del comercio textil y calzado, sobre el que comenzaremos a trabajar para desarrollar íntegramente un Convenio adaptado a las necesidades reales de un sector tan importante en nuestra economía. Con este Preacuerdo, no se da por cerrado nada, solo es el punto de partida.

